Oye
El 92% de las personas que hacen un curso para que su perro venga cuando le llaman no consiguen que su perro venga cuando le llaman.
Pero hay una manera de solucionarlo que no es siguiendo los pasos que todo el mundo hace, porque si fuera así todo el mundo llevaría a sus perros sueltos.
La forma más extraña de conseguirlo es gracias a un individuo que me lo reveló en un restaurante mientras recorría la India con su perro Rocky.
Y esto es lo que me reveló aquel hombre
Lo primero que me dijo:
“Tengo malas noticias para ti: si piensas que te vale con entrenar a tu perro el día que tienes la clase y el resto de la semana puedes seguir viendo Netflix e inflarte a palomitas mejor que no sigamos esta conversación.”
“No pierdo más tiempo contigo.”
“Espera, le dije- mientras le sujetaba el brazo. Sí. Me comprometo a trabajar todos los días con mi perro.
“De acuerdo, entonces continúo”.
“Habrás visto un montón de cursos”.
“Puede que hayas asistido a uno de ellos. Buenos, bonitos, baratos”.
Te lo pasas muy bien, haces una cuchipanda con los demás compañeros.
Al finalizar el curso, y para celebrarlo, os tomáis unas cervezas en una terraza, pero cuando aparece una paloma andando por ahí todos vuestros perros se van como locos a por ella y por mucho que les llaméis no vienen ni mostrándoles el bocadillo de jamón que os estáis comiendo.
Al poco tiempo aparecen allí los servicios de urgencias, psicólogos especialistas en ataques de ansiedad y los bomberos para rescatar al perro que se ha subido al tejado del vecino.
“Qué fue de la paloma?”
“Se comió los bocadillos de jamón”.
Enhorabuena: acabas de entrar en el club del 92% (lee el primer párrafo, el que está justo debajo de la foto).
“Bueno, vamos al grano, que tengo que continuar mi viaje”.
Atento:
primer día
lo vamos a dividir en dos partes:
Primera parte: fortalecer el afecto con nuestro perro.
Sí, ya sé que quieres mucho a Tobi y que Tobi te quiere a ti.
No se trata de eso.
Traducido al cristiano, es conseguir que tu perro te quiera más a ti que a los premios que le das cuando le dices que se siente delante de tu familia.
¿Te suena? Esto es porque, al contrario de lo que se podría suponer, nuestro perro nos dice cómo quiere qué le queramos, dónde quiere que le acariciemos, e qué forma prefiere que lo hagamos y qué tono de voz usaremos para conseguirlo.
Y esto lo haremos mediante un sencillo ejercicio.
Pero ¡Ojo! que sea sencillo no significa que no haya que practicarlo. Sólo tienes que dedicarle 15 minutos al día.
Ahora pensarás “¡vaya tontería!
No me hace falta hacer ningún jueguecito para que Tobi me quiera”.
No se trata de que no te quiera, melón, se trata de que te quiera más y mejor.
¿Capichi?
Segunda parte:
el abecedario.
“¿Me vas a contar el cuento de Blancanieves y los siete enanitos”?
Puede ser.
Seguimos.
le enseñaremos al perro una serie de palabras para que aprenda a comunicarse con nosotros y nosotros con él (que no es poco). Dichas palabras no serán útiles tanto para el adiestramiento como para el día a día con nuestro perro.
Osea, que si hablas a tu perro en español y él solo entiende el chino mandarín, por mucho que te empeñes, no va a entender ni papa de lo que le estás diciendo.
Empezamos a entendernos.
segundo día:
tu perro aprenderá las reglas del juego (osea, explicarle de qué va esto, pero sin ladrarle).
Además, le guiaremos para que sepa cómo, dónde y cuándo tiene que venir (esto empieza a gustarme).
venir cuando le llames y terminar el ejercicio sentado delante de ti (como un campeón). guiarle para que aprenda en qué posición tiene que colocarse, cuánto tiene que esperar hasta que le demos su premio y, finalmente (pero no menos importante), le daremos cariño, muuucho cariño (abstenerse psicópatas).
Aquí viene lo bueno: ya puedes presumir delante de tus amigos. Sí esos que te decían que tu perro era un torpe y un vago redomado, que lo único que sabía hacer era tumbarse en el sofá, comer lo que “caía” de la mesa y descuartizar todos los palos que se encuentra por la calle (algunos comen piedras).
Tercer día: toca examen.
Así, a traición, sin avisar ni nada, a ver si Tobi se ha enterado de algo o se ha limitado a rascarle la oreja al compañero de al lado en las clases anteriores.
En dicho examen le vamos a plantear a tu perro varios problemas que tendrá que resolver (como si fuera la situación real, en la que él está olisqueando algo, jugando, corriendo, etc, y tiene que venir sí o sí).
Cuarto y último día: haremos que venga. Porque sí, porque yo lo valgo.
Colocaremos un señuelo, le llamaremos. Tobi tendrá que aguantarse y venir hacia nosotros.
Además, ya no le premiaremos con comida, sino que tendrá que venir a nosotros por el afecto que te tiene a ti. (¡ahí es nada!).
Bravo. Has terminado el curso.
Ahora sí, ahora sí que formas parte de ese 8%.
¡Ah!
Se me olvidaba, este curso cuesta 180€.
Pago por bizum.
Lugar: Parque José Ribera. Teatinos. Málaga.
Días 1 y 2 de Marzo, y 8 y 9 de Marzo de 2025.
Y lo organizamos mi amigo Javier y un servidor, Jesús Barbero.
Y estos son nuestros logos: